La palabra kinesiología proviene de la combinación de las palabras griegas kinesis (movimiento) y logos (estudio, tratado) y designa el conjunto de saberes sobre el movimiento humano. Posee tres componentes estrechamente ligados: el físico (desde el que se analizan fenómenos como el equilibrio, o la resistencia), el sistema músculo-esquelético (que comprende la unión de los huesos, articulaciones y músculos) y el neuromuscular (que atiende a la relación entre el sistema nervioso central y el movimiento).

La kinesiología es mucho más que una solución para el dolor cervical. Se ocupa de mejorar y mantener la capacidad psicomotora, y también de prevenir alteraciones físicas a través del trabajo sobre el movimiento. Esta disciplina complementa la educación del movimiento y su ejercitación con los diversos aspectos biológicos, psíquicos y sociales que necesariamente están involucrados en la capacidad motora del cuerpo. La formación especializada del kinesiólogo le permite intervenir en la recuperación y rehabilitación psicomotora mediante la aplicación de masajes con técnicas específicas y la educación del paciente. Este último aspecto, a menudo desatendido, es central, puesto que trata de la mejora en relación con su postura, la gestión de movimientos frecuentes y repetitivos en el ámbito laboral, la práctica de deportes, etc. Además, el trabajo del kinesiólogo incluye evitar la pérdida de la movilidad antes que ocurra. Esto implica promocionar y enseñar estilos de vida saludables, diseñar programas de bienestar orientados a mejorar las condiciones de vida e incrementar los niveles de actividad de los individuos más sedentarios.

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