Todas las vacunas pueden tener efectos adversos. Por eso, se hacen los ensayos clínicos de fase 2 y 3 antes de autorizar su aplicación a la población. Allí se contabilizan minuciosamente todos los síntomas que presentan los miles de voluntarios. Y, luego, se comparan con la incidencia habitual de esos síntomas en la población general.
De todos modos, hay efectos adversos tan raros que sólo pueden observarse cuando una vacuna se aplica a millones de personas. Por eso, los medicamentos y las vacunas incluyen una fase 4, de vigilancia de síntomas inesperados, tras la luz verde a su lanzamiento comercial.
El riesgo de morir por la enfermedad causada por el coronavirus es mucho más alto que los de vacunarse. Así lo aseguran todos los estudios. Igualmente, los efectos adversos de las vacunas contra el COVID-19 se extendieron como la pólvora. Es importante, entonces, echar luz sobre qué dicen las investigaciones y casos aislados.
Ninguna vacuna es 100% eficaz para evitar la enfermedad. Y, un pequeñísimo porcentaje de personas –especialmente si tienen enfermedades de base como la obesidad o la diabetes- pueden enfermar gravemente y hasta morir aunque hayan sido vacunadas.


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