Estas aplicaciones son parte de lo que se conoce como la “economía de la atención”, donde es, justamente, la atención y los datos sobre cuestiones de nuestro interés los que se venden, en lugar de bienes o servicios.

Cuando estos minutos dedicados, de forma excesiva, a las redes se repiten durante horas, días, semanas y meses, se suman a un gran caudal de tiempo de nuestras vidas.

Por ejemplo, cuatro horas diarias de uso del teléfono (lo cual es bastante típico ) equivalen a poco más de 60 días completos cada año.

Las recompensas también son grandes desencadenantes de este neurotransmisor. En el caso de las máquinas tragamonedas, la recompensa potencial es obviamente dinero. En los celulares, las más comunes son la aprobación social en las redes, como un “me gusta” o un comentario en una publicación. Esta es la razón por la que es tan fácil perder el tiempo en aplicaciones como las redes sociales, el correo electrónico, los juegos y las compras: son las que tienen más disparadores de dopamina.

Las consecuencias, a nivel global, de estos comportamientos son impactantes. Recientemente, las noticias se están ocupando de los efectos nocivos que las redes sociales producen en un sector vulnerable de la población, como son los niños y los jóvenes.

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